Roberto Céspedes: Entrevista a Mario Chanes / ‘No estoy para competir con Mandela’ [2000]

Mario Chanes es uno de los presos políticos del Siglo 20 que más tiempo pasó en la cárcel: 30 años exactos, más que el propio Nelson Mandela. Es también la principal figura de «Plantados por la Libertad y la Democracia en Cuba», un grupo de ex presos políticos dedicados a explicar al mundo la situación carcelaria en la isla. Pero no es el único caso de añejamiento tras las rejas: le siguen pisándole los talones Eusebio Peñalver (28 años en la cárcel), José L. Pujals (27), Julio Ruiz (26), Ernesto Díaz (22) y Ángel De Fana (22), todos condenados por intentar derrocar al régimen cubano.
Una madrugada de octubre de 1984 un carcelero zarandeó en su camastro a Mario Chanes de Armas para llevarlo ante el capitán de la prisión. El oficial le daría la peor noticia de su vida: «Su hijo ha muerto». La jefatura de la cárcel le ofrecía un permiso para asistir al sepelio con una sola condición: vestir el uniforme de reo en lugar del pijama que usaba desde hacía 23 años en señal de protesta contra «la reeducación carcelaria comunista». Al día siguiente se repitió el ofrecimiento. Chanes no asistió a los funerales.
Cuando nació su hijo en 1962, Chanes ya llevaba un año en la cárcel. Después de su muerte todavía tendrían que pasar otros 8 años antes de que recobrara la libertad. Estando tras las rejas también fallecieron su madre, su padre y un hermano. Son demasiadas fechas, en ocasiones ya no las recuerda bien. En total estuvo prisionero tres décadas exactas: de julio de 1961 a julio de 1991, tres años más que el luchador antiapartheid Nelson Mandela. Fue el prisionero político más antiguo del mundo.
Hasta poco antes de su detención la vida de Mario Chanes de Armas había estado indisolublemente ligada a Fidel Castro. En 1953 participó en el frustrado asalto al Cuartel Moncada, la segunda fortaleza del régimen de Fulgencio Batista. Cinco días después fue detenido junto a Castro cerca de la Sierra Maestra. Por esa acción compartió 21 meses de prisión con el entonces joven abogado cubano hasta la amnistía gubernamental de 1955. Luego se le unió en México, y a fines de 1956 abordaron juntos en Tuxpan el yate Granma con el propósito de liberar a Cuba de Batista.
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Publicación fuente ‘Reforma’, 2000
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